| Entrevista a Juan Manuel Chávez por La Nave Revista |

1. ¿Qué libro/ disco/ serie/ película has leído/ escuchado/ visto recientemente? ¿Qué te pareció?
Dry Land, de K. C. McKanzie, es un disco que escuchamos completo y en vivo cuando fue presentado en un recital donde no había más que veinte o treinta personas en el auditorio de la Universidad de Valencia. Nacida en Alemania, ella canta en inglés. Su música se sostiene en la finura de su voz y en la sencillez de los acordes de su guitarra y de su banyo. Cuando deja las cuerdas para tocar la armónica, su música de resonancias rurales se vuelve todavía más festiva y, si cabe, juguetona.
K. C. McKanzie interpreta todo en la compañía de un único músico, quien toca el contrabajo y en el escenario es más gracioso que un mimo. Creo que él no habla ni alemán.
Perdimos nuestro único ejemplar Dry Land en una de nuestras tantas mudanzas. Afortunadamente, Christiane Quandt de la Universidad Libre de Berlín, nuestra peruanista favorita, se apiadó de nosotros y nos hizo llegar un nuevo disco hace unos días. Respondo esta pregunta solo para agradecer públicamente su complicidad.

2. Coméntanos sobre una idea o imagen recurrente en tu vida.
Durante años soñaba que subía un puente y me caía de ahí antes de llegar al otro lado. El puente era bastante alto, de muchísimos peldaños y con tres descansos para continuar el ascenso; larguísimo además, porque debajo pasaba una carretera de doble vía con muchos carriles. A pesar de sus dimensiones, no tenía barandas de un lado ni otro.
Me caí tantas veces en esos sueños, que en varios decidí atravesar el puente a gatas, para que en cuatro patas me pudiera aferrar mucho más al cemento pulido de la construcción. Al cabo de tanta desbarrancada onírica, comencé a sentir temor en la realidad.
Creo recordar que los primeros sueños con el puente y las caídas son de la época en que tomé la decisión de abandonar la carrera de Ingeniería Civil para seguir la de Literatura en San Marcos. Yo seguí soñando lo mismo hasta que ingresé a la Facultad de Letras y empecé a escribir mi primera novela. A partir de ahí, nunca más.
Desde entonces, habito en el territorio de la imaginación, que es la literatura, después de haber muerto infinidad de veces en el mundo de mis pesadillas.

3. A qué personaje entrevistarías. ¿Cuál sería la pregunta que te gustaría hacerle de todas maneras?
Atahualpa. Él había vencido a Huáscar, hijo también del inca Huayna Cápac; tenía bajo su mando a guerreros curtidos y con liderazgo; conocía el norte del Tahuantinsuyo y seguía expandiendo los ámbitos de su dominio. Poderoso y temible señor. No obstante, fue apresado un sábado por la tarde en 1532. Iba al encuentro de un par de centenares de barbudos algo enfermos, pero que llegaban montados en bestias impresionantes y llevaban en las manos una tecnología desconocida.
La pregunta de a quién entrevistar, conlleva una inquietud extra: ¿cuándo? ¿Debería ser el 17 de noviembre, al día siguiente de su captura? ¿O varios meses después de esta, cuando vivía entre rejas y logró vencer a Pizarro, como dice la leyenda, en un juego de ajedrez? ¿O incluso en los Baños de Cajamarca, en las vísperas de la confrontación, para que ayudado por mi pregunta él reflexione con mayor profundidad y desconfianza sobre los riesgos que enfrenta?
Con todo, realizaría la entrevista el día señalado para su muerte, luego de que ha sobrellevado el juicio sumario que lo acusa de regicidio, incesto y tantos cargos más; luego de que se ha bautizado cristiano y cambiado la muerte en la hoguera por la asfixia en el garrote.
La única pregunta ineludible en la entrevista tendría que ser punzante y obvia, aunque no por obvia inútil, ya que desde su llaneza tendría que abrir las posibilidades a múltiples respuestas, desde lo iracundo a lo memorioso. Sobre lo sucedido en la plaza trapezoidal de Cajamarca el 16 de noviembre de 1532 hay versiones complementarias y contradictorias. Las crónicas españolas de algunos testigos como Diego de Trujillo y Francisco de Xérez discrepan en aspectos esenciales de lo que cuentan testigos indígenas como Naypa Xulca y Poma Ricura, quienes ofrecieron sus propios testimonios en el marco de un proceso judicial. Inclinado a conocer la perspectiva que tuvo de ese día Atahualpa, la pregunta es lo que escribo a continuación:
¿Cómo vio, desde las alturas de su anda cargada por los hombros de ochenta de sus mejores lucanas, esa embestida que inició Francisco Pizarro y los suyos cuando corrieron en su dirección para atraparlo, atraparlo con el objetivo descomunal y demente de capturar un hombre para intentar vencer a una civilización?

Juan Manuel Chávez