Yasunari Kawabata (Japón, 1899-1972)

Concedido el Premio Nobel de Literatura “por su maestría narrativa, que expresa con gran sensibilidad la esencia de la mente japonesa” (Academia Sueca)

La historia de una venganza, eso es Lo bello y lo triste… lo he planteado mal: es la venganza que emprende una mujer, veinte años después de la pasión y una tragedia. Puedo decirlo mejor: en esta novela, aquella venganza se consuma.

Normalmente, apenas acabo la lectura de estos premios Nobel siento el impulso de tomar apuntes para armar mi comentario; incluso, mientras tengo el libro a medias interrumpo la experiencia para volcar en palabras lo que me genera. Con esta novela de Kawabata me ha pasado lo contrario: rehuír la escritura de esta prosa. He procrastinado porque dudaba de mí.

¿Lo bello y lo triste es una llave para adentrarse en la complejidad humana? Me refiero a si esta novela es sobre gente sustancialmente misteriosa o es una novela en torno a japoneses excepcionales que solo existen en la imaginación siniestra y sensual de Kawabata. Bajo un costumbrismo folclorista, las motivaciones y situaciones de esta ficción podrían achacarse a la nacionalidad de sus personajes; sin embargo, la cuestión no es tan parametrada ni superficial. Si bien la novela trascurre en sectores de Tokio y Kioto, lo que a primera vista le imprime un colorismo nacional, este es aprovechado para construir desde ahí las referencias universales. Aquí un fragmento:

Con la imagen del loto blanco aún en la mente, Otoko desvíó la mirada para contemplar las luces de las casas de té de Kiyamachi refleadas en el agua. Luego apartó la vista para observar la oscura silueta de las Colinas Orientales, más allá de Gión. La línea suavemente redondeada de la cadena montañosa parecía irradir paz, pero sus sombras parecían deslizarse secretamente hacia Otoko, que miraba sin ver los faros de los automóviles que iban y venían por la ribera opuesta, las parejas que recorrían el paseo y las lamparas de los balcones alineados a lo largo de la ribera occidental. Solo la escena nocturna de las Colinas Orientales ocupaba su mente.

Lo bello y lo triste. Traducción de Nélida M. de Machain. Emecé Editores, 2002.

Una muchacha de dieciséis años es seducida por un escritor, del cual queda embarazada luego de un idilio dulce y tormentoso; esta es la situación de partida, como mostrando un hecho sin juzgarlo ni confrontarlo. Dulce por todo lo que representa la joven Otoko en la vida de Oki y tormentoso porque él está casado. Otoko nunca vio a su hija, que muere luego del parto; los que sí viven son los hijos de Oki y Fumiko, queien sufre por la relación paralela que entabla su esposo. No obstante, Oki cierra esa etapa con escribir muy detalladamente sobre lo acontecido: publica una novela en que la muchacha está idealizada hasta lo fascinante y su esposa es un personaje devastado por los celos. Su libro es un éxito, y de ello se sustenta la familia. Por supuesto, la historia de Lo bello y lo triste no sigue este orden ni concluye así: las escenas del pasado se incrustan como estacas en un presente que trascurre veinte años después, en que Fumiko y Oki llevan un matrimonio muy reconciliado y Otoko está dedicada al arte: es pintora.

La venganza no la emprenderá Fumiko ni Otoko, sino la aprendiz de esta, una muchacha con una hermosura que el resto considera malévola, tan atractiva para hombres como para mujeres. Lo bello y lo triste no es, entonces, una ficción sobre gente sustancialmente misteriosa ni en torno a japoneses excepcionales que solo existen en la imaginación siniestra y sensual de Kawabata, es una novela que busca y busca asomarse a la profundidad oceánica de lo femenino, como fotografiar la cara oculta de la Luna; en esta línea, tambíen es trascendente el hilo con que se enlaza el vínculo entre abuela, madre e hija, sobre todo en la memoria que una guarda de las otras. Asimismo, Lo bello y lo triste aborda el impacto de una novela a lo largo de los años en la vida de quien la escribe —además de su entorno íntimo—, con toda la soberbia e indefensión que entraña esta impostura creativa.

Decía al comienzo que hasta retrasé el esbozo de esta prosa porque no estaba seguro de mí, con relación a la lectura de Kawabata; he redactado estos párrafos para desentrañar, por lo menos, lo que creo al respecto… a veces uno escribe para saber lo que piensa.