John Steinbeck (Estados Unidos de América, 1902-1968)

Concedido el Premio Nobel de Literatura “por sus escritos realistas e imaginativos, combinados de tal forma que incorporan un humor simpático así como una percepción social entusiasta” (Academia Sueca)

Antes de las novelas La perla y Las uvas de la ira, que aseguraron su prestigio literario; antes de sus guiones de cine como ¡Viva Zapata!, que protagonizó Marlon Brando; antes de estas ficciones, Steinbeck abordó las necesidades de los migrantes desde la narración periodística, tanto de los extranjeros que llegaron a su país para trabajar en el campo como de aquellos agricultores que dejaron un estado por otro. Los vagabundos de la cosecha reúne sus reportajes sobre familias que recorren California luego de abondonar sus hogares, desapegándose de sus bienes; fue en 1936, siete años después de la Gran Depresión por la caída del mercado de valores y tres años antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

En Los vagabundos de la cosecha la gente recorre cientos y miles de kilométros por una oferta laboral que es temporal y riesgosa; padece hambre, no tiene casa ni tampoco sanidad para curarse. Steinbeck escribe para revelar estas condiciones y para advertir sobre el riesgo de ejercer la violencia patronal en personas que están al límite de su diginidad y de su resistencia: la rebelión de las masas. La motivación del libro es el destino de los estadounidenses del Medio Oeste que se desplazan a California para ocuparse en los cultivos de melocotón, de uva, de algodón o de lúpulo, pero un destino que entrevé a partir de lo sucedido con las migraciones extranjeras de chinos, japoneses, filipinos y mexicanos en los años previos. Aquí un fragmento:

Más allá de su bajo coste, la mano de obra mexicana les ofrecía a los grandes agricultores muchas ventajas. Cuando ya no necesitaban a más jornaleros, podían deshacerse de ellos como si fueran basura. El condado se desentendía de los enfermos y los minusválidos; y además, si los jornaleros protestaban por sus bajos salarios o por sus terribles condiciones de vida, se los podía deportar a México por cuenta del Gobierno.

Hace poco, siguiendo el ejemplo de los trabajadores en México, los mexicanos de California han empezado a organizarse en un sindicato, pero en el sur de California este intento ha sido contestado con unas muestras de ferocidad y de violencia intimidatoria impensables en una estado civilizado

Los vagabundos de la cosecha. Traducción de Marta Alcaraz. Libros del Asteroide, 2007.

Los jornaleros del Medio Oeste poseían tierras fértiles y perdieron todo por fenómenos climáticos que arruinaron sus campos; son poblaciones que viajan en familia apretujadas en la última propiedad importante que les queda: sus autos. Un Ford o un Chevrolet es el vestigio de los buenos tiempos; elocuente huella que atraviesa las carreteras con fallas técnicas y urgencia de reparaciones, pero siguen porque en California el trabajo sobra… eso les han dicho. Los bienestares de ayer, como los de ahora, pendiendo de un rumor; así le hablaron de oportunidades en España a la venezolana que conocí en un chifa peruano de Barcelona. Lleva tres meses aquí luego de ocho en Lima, atendiendo mesas del local sin descansar los domingos, a la espera de comparecer en la Oficina de Extranjeros para solicitar la condición de refugiada. La diferencia con ella es que los vagabundos de la cosecha ni siquiera tenían un techo, usaban tiendas de campaña para dormir el sueño de reinventar sus vidas.

Aunque los jornaleros de Steinbeck están habituados a la dureza de la faena agrícola, también lo estaban a no depender de otros para un salario y, menos, caer en el nomadismo para mantener sus ingresos. En la mayoría de los siete reportajes se lamenta que la minucia del pago no cubre los gastos básicos, que la situación es tan inestable por estacional que pocos establecen lazos sociales, que el desgaste del trabajador le acarrea complicaciones de salud que a su vez trasmite a su familia, que finalmente los hijos no solo enferman: dejan la escuela. En este libro hay niños muertos al nacer.

Los vagabundos de la cosecha no es un tratado sobre los problemas económicos de gente que migra, aunque los aborda, son reportajes sobre el sueño americano cuando deviene en pesadilla. A partir de sus descripciones, Steinbeck muestra que el sentido de humanidad se iba degradando en California: la marginación del forastero, el hedor de los campamentos o la falta de agua potable son ejemplos del modo en que las circunstancias doblegan a las personas, que pierden el timón de sus expectativas y acaban sepultadas por la realidad de sus miserias. El último de estos reportajes incluye recomendaciones al Gobierno y la sociedad de su época para restituir en el prójimo algo esencial como la autoestima, además de lo gremial con asociaciones para defender sus derechos; estrategias que mantienen su vigencia en un mundo que arroja 65 millones de refugiados al año por los conductos de la migración.