| Entrevista en “Páginas Culturales Virtuales” de Hilda Serrano Lemes (New York) |

Conversación con la escritora española María del Carmen Aranda

 

Dice Chávez que “Quien vive en Lima deviene en ligero y bromista, es voluble y, por supuesto, sabe ingeniárselas para ser huachafo”.

Lima, ciudad capital de la República de Perú, ve en 1976 por primera vez a un pequeño limeño, Juan Manuel Chávez, una promesa de las letras hispanas, viajero incansable, optimista y como buen luchador va venciendo día a día la batalla de la pluma, ya que como bien dice él, “después de quince años boceteando novelas, cuentos y ensayos, está cada vez más convencido de que hacer literatura es muchísimo más hondo que el acto solitario de escribirla”.

Hoy contamos con este extraordinario hombre, que a través de esta entrevista nos dejará fascinados con su saber, estilo y forma. Licenciado en Literatura, diplomado en Docencia en Educación Superior, máster en Derechos Humanos, continúo con el doctorado en la Universidad de Valencia y es investigador de la Unidad de Estudios Biográficos de la Universidad de Barcelona. Alguna vez cursó la carrera de Ingeniería Civil en la Universidad Nacional de Ingeniería. Ha conducido la secuencia sobre libros “La dieta del lector” en Radio Filarmonía, además de contribuir como columnista en las revistas SoHo y Beppo.

Descubriremos a un hombre fuerte y a la vez sensible, una esponja absorbiendo experiencias, olores y colores que la vida nos brinda a nuestro paso, pero que solo muy pocos saben captar y transmitir.

1.- ¿Quién es Juan Manuel Chávez?

Un aprendiz de ingeniero que dejó los cálculos matemáticos y físicos para ser escritor. Desde entonces, hago las cuentas de la vida con ese mismo espíritu de fuga, siempre ansioso y hasta urgido por cruzar fronteras personales, laborales, literarias y nacionales.

2.- Cuando era un niño, ¿cuáles eran sus sueños?

Quizá los mismos de cualquier niño: llegar a ser una estrella de rock, llegar a ser goleador de un equipo de fútbol y llegar a ser el más guapo de mi barrio. Felizmente, uno crece y admite que “los sueños, sueños son”. Y felizmente, también, uno alcanza la edad en que es niño por siempre y retoma la insensatez de ilusionarse con el porvenir; así, en plena adultez, “soñé que en otro estado / más lisonjero me vi”. Eso es la vida en la literatura.

Nunca soñé con ser escritor, aunque es un sueño serlo.

3.- Es evidente que la literatura, la educación y los derechos humanos han sido el eje principal de su vida dedicándole muchos años de estudio, sin embargo, también nos encontramos con un hombre que ama el cálculo, la mecánica hidráulica y la física. ¿Cómo se puede combinar todo ello?

Así como pueden ser estremecedores los versos de un poema, también es asombrosa la resolución de una incógnita entre circunferencias y tangentes de una pizarra. Para mí no hay conflicto entre ciencias y humanidades; incluso, considero que es irresponsable la tendencia de presentar las disciplinas como orillas contrarias en el continente del saber. Entonces, como un mundo sin matemática es imposible y un mundo sin literatura es inadmisible, lo mejor que podemos hacer es entrelazarlas.

4.- Entre sus muchos premios otorgados se encuentran la primera mención del Premio Nacional de Novela Federico Villarreal, Premio Copé de Plata en Cuento, ganador de la Bienal de Cuento para Niños del ICPNA (Perú) y del Premio de Ensayo de Radio UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), entre otros. ¿Puede describirnos el sentimiento que tuvo al enterarse de su premiación y cuál de ellos le emocionó más?

Definitivamente, el que más me emocionó fue el primero que recibí: el Premio Copé de Plata en 2002. Me anunciaron la victoria por teléfono una tarde de 2003, gracias a un cuento que escribí durante cuatro meses a partir de un mito andino sobre el incesto entre hermanos. Ese galardón, prestigioso en el Perú, sirvió para crearme la idea de que estaba encaminado en la literatura; además, me aportó el incentivo de 10 000 soles en efectivo para vislumbrar una pronta independencia económica y mi disidencia del sistema laboral convencional, con esos horarios de lunes a viernes que podían ser incompatibles con el hambre de escribir.

5.- ¿Qué supone para usted recibir un premio a una de sus obras?

Así como una gana premios, también los pierde. Llevarme un galardón es gozar de un reconocimiento específico a un texto específico por un jurado específico en un tiempo en particular; un hecho muy concreto que se parece al ladrillo de una amplia pared que yo denomino “Efectos de lo que escribo”; entre los efectos están las victorias en certámenes de narrativa, las invitaciones a ferias de libro, los estudios críticos sobre mi obra e, incluso, los comentarios en prensa o las entrevistas. Un premio no es mi literatura, ni la define ni la reemplaza; esta, en vez de un muro, es una amplía vía que sigue desarrollándose más allá de lo utilitaria que sea la pared “Efectos de lo escribo”. Entonces, cuando no llego ni a finalista en un certamen, me abrazo de algo elemental y tranquilizador: el muro aquel se mantiene igual que antes, sin elevarse ni decrecer… una estabilidad que reconcilia mi presente, aligera las decepciones.

Ahora, como cada premio tiene su valor y su trascendencia personal, lo dicho hasta aquí tiene un trasfondo. Por ejemplo, el Premio Nacional de Literatura de 2017 me dejó una insatisfecha satisfacción porque consideraba que mi libro El barco de San Martín se merecía el máximo reconocimiento y no solo la placentera mención especial. Por ejemplo, después de que colgué la llamada con la noticia del Copé del 2002, me senté en el piso y lloré de alegría en mi habitación; fue hermoso el triunfo de aquel entonces, pues todavía era un estudiante de universidad que tenía enormes dudas sobre la vida de escritor. Confío en que mi literatura siga ampliándose en dirección y sentido gracias a mi voluntad de hacer, pierda o gane en un concurso.

6.- Entre sus publicaciones encontramos novelas, cuentos, ensayos y crónicas. ¿Qué fue lo que le motivo a escribir un libro para niños?

Aquel libro se llama El rinoceronte que quería ser unicornio, y es una historia dirigida a quienes han deseado muy hondamente ser otros. Parece un libro para niños y niñas sobre la conformación de la personalidad, pero mi ficción es un intento de exceder este perímetro infantil: bajo la clave lúdica del mamífero con ambiciones de ser un animal mitológico, intento acompañar los titubeos de personas adultas que desearon verse de un modo distinto o ser tratadas de una manera diferente.

7.- Generalmente cuando se ha escrito diferentes géneros, suele haber entre ellos un denominador común. ¿Cuál sería el suyo?

Por un lado, cierta obsesión temática hacia la migración como eje de la experiencia humana y el viaje como desafío trasformador; por otro lado, la obsesión todavía más palpable de retorcer el lenguaje, sobre todo a desmedro de la puntuación y la semántica, para encontrar nuevos significados a las palabras y sonidos personalísimos a las frases. El denominador común es la búsqueda de un estilo que, supeditado a lo que deseo contar, sea una forma de hallazgo lingüístico; también el afán de plantearme preguntas sobre el irnos, el partir, el marchar. Asimismo, el esfuerzo general de captar la atención inicial de quien lee y mantenerla, codiciosamente, hasta el final.

8.- En mi opinión, el escritor suele plasmar su más integro yo en su escritura. ¿Está de acuerdo?

Discrepo por un asunto de enfoque literario: no suelo escribir de cabo a rabo sobre lo que sé, sino en torno a cuanto me inquieta, me urge o me perturba para develar. En cierto modo, parto de una falla introspectiva en vez de una convicción profunda. A la vez, no soy yo a quien puede rastrearse con las pistas que deja mi escritura, sino alguien que construyo a partir de mí; una versión de lo que soy. Entonces, si alguna integridad tengo como individuo, es probable que esté disfrazada o trastocada en mi literatura. Habrá quienes proclamen el valor de la honestidad artística, yo no siquiera entiendo a qué se refieren con ello.

9.- Joseph Roux, poeta y filólogo relevante, dijo que había dos clases de escritores geniales, los que piensan y los que hacen pensar. ¿Dónde ubicaríamos a Juan Manuel Chávez?

Confieso que especulo mucho en torno a lo que voy a escribir; no digo que sea una tarea esencialmente cerebral, sino que me toma mucho tiempo en horas, días y meses el madurar el germen de los hechos y frases que deseo narrar o ensayar. Son mañanas de caminatas, tardes en bicicleta, hasta que llega la etapa algo operativa de redactar; luego, ese tránsito poderosamente conmovedor de editar lo plasmado. Todo ese tiempo en horas, días y meses de especulación no es para erigir una verdad que dispararé con rimbombancia literaria, sino para asediar los ángulos de mis incertidumbres creativas. La tarea del pensar queda a quien me lee; esa es mi expectativa.

10.- En muchos casos, los personajes novelescos tienen tanta personalidad que dirigen al escritor. ¿Ha sentido en alguno de sus personajes esta sensación?

Por supuesto. Esas criaturas de ficción se revelan, toman las riendas de sus propias historias en una novela y hasta en los cuentos más breves, al margen de cualquier planificación o estructura precedente. Me gusta que la palabra criatura provenga del vocablo latino “creatura”, que si bien remite a la acción de criar, resuena también como el hecho de crear. Cuando escribo, estoy creando en vez de criando; es por ello que, comprendo y hasta espero la sublevación de algún personaje contra mis designios. Y mientras más complejos y mejor perfilados están, mayores son las posibilidades de este distanciamiento frente a la autoridad del autor. Incluso desde una aproximación esotérica, la literatura gana cuando es un ámbito de libertad.

11.- Su prosa en Sonríen los desamparados y en su primera novela La derrota de Pallardelle sorprende por su riqueza en todos los ámbitos. ¿Ha pensado en algún momento escribir un libro de poesía?

Con la tentación de la poesía me pasa como en la oración católica del Credo: confieso que he pecado de pensamiento (pues sí me he imaginado versificando a mansalva), palabra (he llegado a hacerlo), obra (ya que se publican algunos versos de mi autoría en una novela) y omisión. Lo importante es la omisión: abstenerme de escribir poesía.

12.- ¿Hay algún género que no escribiría nunca?

La poesía es el género literario con el cual puedo sentirme contradictorio: me gusta decir que nunca la escribí y suelo defender que nunca lo volveré a hacer.

13.- Háblenos de sus obras.

Prefiero, y no afirmaré lo siguiente con falsas modestias ni imposturas… prefiero que ellas hablen por mí.

14.- ¿De todos sus hijos (libros) cual es el predilecto? ¿Por qué?

No tengo hijos biológicos, así que por lo general la idea de paternidad me es ajena y hasta extraña. Por ello, quizá, cuando miro hacia atrás en mi escritura, lo que veo es un todo compuesto por elementos imbricados. En vez de descendencia literaria, son vagones de un tren que sigue y va. Así, el ensayo sobre Lima, la crónica sobre la Semana Santa en Italia, la investigación sobre el idioma como un medio para la integración… cada publicación no es más ni menos que una forma diferente de asediar una gama reducida de intereses temáticos o de estilo, llevando esta redundancia a niveles que conmocionen y remuevan a quien lee. En la actualidad, son una decena de libros que conforman una obra, la obra que lleva la etiqueta de mi nombre.

15.- ¿Hay algo que cambiaría de lo que ha escrito?

Seguro que cambiaría muchísimo, a raíz de que escribo con una incontinencia por editar. Esta es la razón por la cual casi nunca vuelvo a los libros que tengo publicados. Incluso, cuando se reedita alguna novela, cuento o ensayo mío, procuro mirar de lejos el proceso que aviva esa pieza literaria de otro tiempo, a fin de no mal juzgarla con los conocimientos del presente; como miope que soy, lo que está lejos me pasa inadvertido.

16.- ¿Nos podría contar como surgió el prólogo escrito de Mario Vargas Llosa para su libro Lima. Un camaleonte tra due specchi, publicado en Italia?

Las razones son muy prácticas: por una necesidad de comercialización. Donzelli Editore de Roma había decidido lanzar en 2006 mi libro sobre la capital del Perú en su colección de ensayo, que incluye autores como Roberto Bobbio, J. M. Coetzee o Carlos Fuentes. A diferencia de ellos, yo no tenía ningún prestigio en Italia; entonces, optaron porque Lima. Un camaleonte tra due specchi incluyera un escrito preliminar de Vargas Llosa para darle una notoriedad extra al libro. A mi traductora, Gabriella De Fina, también le pareció una estupenda idea. El acuerdo en torno a aquel texto fue llevado por la editorial italiana y la agencia literaria de Vargas Llosa; yo no interviene, aunque en ese entonces ya había compartido un par de correos con él (en los que yo siempre le pedía un favor y en los que él siempre accedió) y fue años antes de que por fin conversáramos en persona.

17.- Después de tantos libros publicados como El rinoceronte que quería ser unicornio, Latinos y otros peregrinos, Limanerías, Un idioma para la integración social, Sonríen los desamparados, Cuatro ciudades…, Ahí va el señor G, El barco de San Martin, La derrota de Palladelle, La Guerra del Pacifico y la idea de nación, ¿qué le ha dado la literatura en todos estos años a nivel personal?

Comencé a escribir poco después de que aparecieron las primeras placas de psoriasis en mi piel, una veintena de años atrás: un mechón blanco en la cabeza y un menudo enrojecimiento en la frente; luego, algunas escamas plateadas en los codos… Una cosa no lleva a la otra; sin embargo, yo percibo una recóndita interrelación entre la literatura y mi enfermedad inflamatoria: la primera es una manifestación falsificada de mi mundo interior, a partir de como experimento lo propio y lo ajeno; la segunda es una manifestación veraz en el exterior, a raíz de preocupaciones y padecimientos íntimos.

La literatura no solo me ha prodigado de afectos, viajes, ciertos reconocimientos y algo de dinero, también organiza mis días con desafíos y propósitos a futuro que doblegan los avances de la psoriasis, un predador que se nutre de un estado anímico pesaroso y apesadumbrado. Incluso, cuando comenzar una novela o un ensayo es una tarea de cuesta arriba y de suma complejidad, la letra con sangre de la literatura es superior a la piel muerta de la psoriasis. No es exagerado pensar que, mientras tenga la escritura, mi enfermedad inflamatoria será un animal en hibernación, domado y arrinconado.

18.- ¿Sus grandes triunfos los podemos resumir en uno solo?

Justamente, que no estoy solo al cabo de veinte años de escritura, que libro tras libro he conseguido una base de lectores y lectoras que además de regresar a lo que ya está publicado, espera o demanda alguna novedad editorial. A diferencia de un yogur caducado, me siento un alimento en plena vigencia.

19.- De los talleres y conferencias que ha impartido a lo largo y ancho de este mundo, como por ejemplo en la Freie Universität Berlin, Universidad Autónoma de Madrid, Università degli Studi di Urbino, Universidad de Chile, Universidad Externado de Colombia, la Scuola Holden de escritores en Turín, ¿cuál es a su parecer el país o países más involucrados en apoyar a los escritores?

Pienso que el mayor apoyo a un escritor o escritora es que existan canales efectivos para la difusión de su obra y que sus publicaciones tengan una oportunidad plural de ser leídas; esto, por encima de las becas de diverso calibre, subvenciones gubernamentales y premios a la trayectoria. Entonces, el país que más apoya es aquel que introduce los libros de autores vivos, además de tantos clásicos, en los planes de estudio escolares y universitarios; asimismo, el Estado que compra tirajes completos para llenar las bibliotecas públicas de la nación y motiva el acceso de la población a estos repositorios. Lamentablemente, este escenario idílico escasea en mi país, en contraste con lo que sucede en España, Italia o Alemania, por citar tres ejemplos positivos aunque de dispar resultado.

20.- Como escritor exitoso y con un gran talento, me interesaría conocer su opinión sobre el futuro de los libros: ¿papel, digital?

Suelo leer casi todo en papel, salvo las noticias de la prensa escrita y el material que me sirve para la investigación académica, que disfruto en formato digital. Con más de una década de por medio entre la defensa de mis tesis de licenciatura, soportada en libros impresos, y la tesis que hago para el Doctorado, con muchísimo de acopio proveniente de repositorios virtuales en USA, Perú, Argentina, Chile, México y España, puedo afirmar que para los fines universitarios las publicaciones en formato digital son una gran ventaja por accesibilidad económica, disponibilidad, acopio, referencialidad y organización. En estos tiempos de múltiples opciones, cada necesidad debe encontrar su modo de satisfacción: ¿si leo por esparcimiento…?, ¿si leo por exigencia laboral…?, ¿si leo por compromiso estudiantil…?

Sería exagerado sostener que no soy un romántico del papel; todavía disfruto de llevar un libro a la calle y pasar las páginas bajo el sol del mediodía. No obstante, lo que debemos defender es la bibliodiversidad y la máxima equidad para el acceso a los contenidos, en el formato que sea posible para la mayor cantidad de personas hasta en los lugares más recónditos de nuestros países.

21.- De los libros que ha leído ¿hay alguno que le haya marcado de alguna manera?

La novela El conde Montecristo de Dumas me gustó tanto que nunca la he querido releer, con el fin de resguardar el encanto de la primera vez. Me marcaron La estación violenta de Octavio Paz, que incluye su poema “Piedra de Sol”, y las Prosas apátridas de Julio Ramón Ribeyro que siempre he comprado en demasía, con el objetivo de regalar entre mis amistades para compartir la dicha de cada una de sus páginas. Infinito viajar de Claudio Magris se convirtió, durante un tiempo, en mi cama, mi casa y mi nación; ahí estaba el mundo para mí de principio a fin.

22.- ¿Qué consejo daría a un autor novel?

Que desconfíen de los consejos que dan los escritores con mayor experiencia. Sucede que la vaca no recuerda cuando fue ternera, entonces inventa o exagera.

23.- ¿Y sus proyectos a corto plazo y medio plazo?

A corto plazo, el lanzamiento de mi nueva novela Cassi, el verano con Editorial Planeta; todo comenzará dentro de unos meses en la primavera de Lima. A mediano plazo, anhelo terminar mi tesis doctoral en torno a la escritura y figura del descendiente de los incas Juan Bautista Tupac Amaru, medio hermano de José Gabriel Condorcanqui y enviado al exilio en Ceuta durante décadas en pleno Virreinato del Perú; al final de su vida encontró la libertad y llegó a Buenos Aires donde escribió en 1822 su texto autobiográfico El dilatado cautiverio.

24.- ¿Un último deseo?

Deseo que alguien tenga el coraje de llegar a esta última respuesta, habiendo leído cada una de las previas.

 

Un placer compartir letras con usted.

 

María del Carmen Aranda

http://mariadelcarmenaranda.blogspot.com/